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La CONMEBOL debió suspender el encuentro en medio de un caos total que dejó imágenes de barbarie.

Una previa marcada por la tensión

Desde un día antes del choque, los ánimos estaban caldeados. Robos de banderas y enfrentamientos entre barras anticipaban lo peor. Pese a las advertencias, la seguridad fue deficiente: los hinchas chilenos ingresaron sin controles rigurosos, portando bombas de estruendo, proyectiles y armas blancas. La ubicación en una bandeja superior, justo sobre hinchas locales, potenció el riesgo.

Violencia en las tribunas

Durante el primer tiempo comenzaron las agresiones: barras de la U rompieron baños y lanzaron objetos, incluso un inodoro, además de materia fecal y orina. La tensión explotó en el entretiempo con butacas arrancadas, incendios y una bomba de estruendo arrojada hacia la tribuna conocida como la “Garganta del Diablo”, donde suelen ubicarse familiares de jugadores.

El partido suspendido

El segundo tiempo apenas pudo disputarse unos minutos. Con proyectiles cayendo sobre el campo y heridos pidiendo atención médica, el árbitro detuvo el partido y envió a los planteles a los vestuarios. Finalmente, la CONMEBOL confirmó la suspensión.

Batalla campal y linchamientos

El desalojo del estadio derivó en una represión policial brutal, con hinchas golpeados y escenas desgarradoras. Dentro del estadio, barras chilenos quedaron atrapados y fueron linchados por simpatizantes locales. Algunos intentaron escapar saltando rejas, otros fueron dejados inconscientes en el piso. Las camisetas de la U colgadas como “trofeos” graficaron el nivel de barbarie.

El colectivo destrozado y la salida bajo custodia

En el estacionamiento, el micro de la delegación chilena fue destrozado. Jugadores y cuerpo técnico de la U debieron permanecer encerrados durante horas hasta ser evacuados de madrugada.

Balance y repercusiones

El saldo: 19 heridos internados (dos en grave estado) y más de 300 detenidos. En Chile, el presidente Gabriel Boric condenó lo ocurrido y habló de una “irresponsabilidad inadmisible en la organización”. Desde Independiente, Néstor Grindetti responsabilizó a la barra rival y pidió sanciones.

Lo que debía ser una fiesta de fútbol terminó en una mancha imborrable para el deporte sudamericano, que vuelve a mostrar su peor cara al mundo.

Autor: Estacion del Carmen