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“Le queríamos contar una noticia bastante triste. Ekita ya no va a entrar en lista de espera. Esto significa que el trasplante ya no es una opción para ella”, escribió Anastasia, en un mensaje breve y devastador.

La confirmación llegó después de semanas críticas en las que la salud de Eka se deterioró. A mediados de septiembre había sufrido un shock séptico y un shock cardiogénico que marcaron un antes y un después en su cuadro clínico. Desde entonces, las posibilidades de trasplante se fueron desvaneciendo hasta extinguirse.

Frente a este escenario, la familia decidió cambiar el rumbo de su lucha: “Ahora nos queda acompañarla todo el tiempo que sea necesario y asegurarnos que ella esté cómoda”, compartió su madre. También anunció que junto a su pareja decidieron estar ambos con ella durante todo el tiempo que le quede.

Lejos de Comodoro Rivadavia, la familia lleva casi cinco años en Buenos Aires, con una vida atravesada por internaciones, estudios médicos y campañas solidarias. El regreso a su ciudad natal, cuando llegue el momento, también forma parte de sus planes.

La campaña “Un corazón para Ekatherina” movilizó a familiares, amigos, vecinos y artistas que se sumaron con colectas y cadenas de oración. Ahora, los mensajes de apoyo inundan las redes, acompañando en este doloroso giro de los acontecimientos.

La historia de Eka deja en evidencia una deuda profunda: la necesidad de fortalecer la donación pediátrica en Argentina, un tema que vuelve a la agenda cada vez que un caso como este muestra los límites del sistema.

Hoy, lo único que queda es acompañar. “Decidimos estar ambos con ella todo este tiempo que le queda con nosotros”, expresó su mamá, en una frase que condensa el amor, la entrega y la resiliencia de una familia que eligió sostener a su hija con ternura hasta el final.

Autor: estacion del carmen