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Hamas manifestó su disposición a aceptar un alto el fuego, pero exige garantías internacionales sólidas de que Israel no retomará su ofensiva en Gaza una vez firmado el acuerdo. La desconfianza, alimentada por años de promesas incumplidas, marca el pulso de un proceso que Donald Trump intenta liderar con su nuevo plan de paz.

El dirigente de Hamas, Jalil al Haya, sostuvo que el movimiento está “listo para detener la guerra con total disposición y positividad”, aunque insistió en que Israel debe comprometerse a una retirada definitiva de la Franja. El plan de Trump propone un cese de hostilidades, intercambio de rehenes y prisioneros, la desmilitarización de Gaza y la formación de un gobierno de transición, aunque el punto sobre un futuro Estado palestino sigue siendo motivo de fricción con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.

Entre los mediadores participan Egipto, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y representantes de Estados Unidos, incluidos Jared Kushner y el enviado especial Steve Witkoff. Trump aseguró que existe una “posibilidad real” de alcanzar la paz y prometió usar el poder de su país para garantizar que el acuerdo se cumpla. Sin embargo, mientras se negocia, los bombardeos no cesan en Gaza y las víctimas siguen aumentando, evidenciando la urgencia de un compromiso que aún se siente lejano.

Las próximas horas son decisivas: Hamas condiciona cualquier avance a que se verifique el fin total de la ocupación y la entrada libre de ayuda humanitaria. En paralelo, Israel insiste en sus “objetivos de guerra”: recuperar a todos los rehenes y eliminar el régimen del grupo islamista. Dos años después del ataque del 7 de octubre, la región vuelve a una encrucijada. Lo que se decida en Egipto podría marcar un punto de inflexión histórico o, una vez más, el reinicio de un ciclo interminable de violencia.

Autor: estacion del carmen