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La operación fue ejecutada con una precisión asombrosa: los ladrones aprovecharon obras en la fachada sobre el río Sena, utilizaron un camión con brazo articulado para acceder a la ventana, y entraron mediante cortadoras de cristal, completando el robo en solo siete minutos. Escaparon luego en una motocicleta de alta cilindrada, que más tarde fue abandonada.

Afortunadamente, no hubo heridos, aunque el pánico se apoderó de los visitantes que fueron evacuados mientras la policía científica recopilaba evidencias. La fiscalía de París inició una investigación por “robo en banda organizada”, ya que la banda había hecho reconocimientos previos al museo.

Este no es el primer robo en la historia del Louvre: el más recordado fue el de la Mona Lisa en 1911, recuperada dos años después. También hubo sustracciones en 1983 de piezas de armadura renacentista.

El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, reconoció que el ataque expuso graves vulnerabilidades en la seguridad de los museos, a pesar de los planes recientes para reforzar la protección de las obras. Este robo marca un nuevo desafío para la preservación del patrimonio histórico mundial y pone bajo la lupa los protocolos de seguridad en instituciones culturales de primer nivel.

Autor: estacion del carmen