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El cometa 3I/ATLAS, un visitante interestelar detectado el 1 de julio de 2025 por el telescopio ATLAS en Chile, atraviesa un momento de máxima tensión entre la comunidad científica. Un reciente estudio, basado en imágenes de la NASA del 5 de noviembre, reveló un cambio drástico en su estructura: su anti-cola, esa formación inusual apuntando hacia el Sol, desapareció, dando paso a una cola “normal” que se extendió hasta 56.000 kilómetros

Este fenómeno no solo es raro para un cometa, sino que desafía muchos de los modelos clásicos de comportamiento cometario. Estudios realizados con el Hubble, el James Webb y otros telescopios espaciales detectaron una pérdida de masa de hasta un 13 %, además de un cambio de color hacia tonos azulados y una polarización de la luz nunca antes vista en objetos similares. 

Más aún, investigaciones recientes con el JWST revelaron que su coma está dominada por dióxido de carbono (CO₂), con niveles inusualmente altos respecto al agua, lo cual sugiere que este cometa podría tener una composición muy distinta a la de otros cuerpos conocidos. 

Por si fuera poco, los astrónomos midieron una polarización negativa extrema en la luz reflejada por el cometa, una característica que no se ha registrado en otros cometas o asteroides. 

Estas anomalías han dado lugar a especulaciones bastante profundas. Algunos científicos, entre ellos el astrofísico Avi Loeb, han sugerido hipótesis tan provocadoras como la posibilidad de que 3I/ATLAS no sea simplemente un cometa natural, sino un objeto con comportamiento “artificial” o al menos con propiedades exóticas. Sin embargo, otras voces más cautas sostienen que todas estas características podrían tener una explicación natural relacionada con la desgasificación y la aceleración no gravitacional. 

En cuanto al posible impacto con la Tierra, los expertos coinciden: no hay peligro. Según las mediciones más recientes, 3I/ATLAS pasará a unos 270 millones de kilómetros de distancia (1,8 unidades astronómicas) en su aproximación más cercana prevista para el 19 de diciembre de 2025.

Más que una amenaza, el cometa representa una oportunidad única para la ciencia: su extraña conducta y composición podrían arrojar nuevas luces sobre la formación de sistemas estelares lejanos y sobre cómo se comportan los objetos que provienen de fuera del Sistema Solar.

Autor: estación del carmen