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Este martes, el fallo contra Diego García puso un punto —no final, pero sí indispensable— en un proceso que expone con crudeza las consecuencias de la violencia sexual y la impunidad. El ex futbolista de Estudiantes de La Plata fue condenado a seis años y ocho meses de prisión por abuso sexual con acceso carnal perpetrado en 2021, cuando cometió el ataque contra una joven jugadora de hockey tras suplantar confianza con crueldad.

El tribunal que dictó la sentencia, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº5 de La Plata, concluyó que la víctima —una mujer joven integrante de la institución deportiva— fue agredida mientras confiaba en un entorno pensado para la convivencia, en una fiesta organizada por futbolistas. Según la acusación probada, García la siguió hasta un baño, la atacó con violencia y la sometió, ignorando su voluntad y los límites del respeto y la dignidad humana.

Fue necesario que la víctima y su entorno rompieran el silencio, que la Justicia escuchara su testimonio, que los tribunales valoraran las pruebas — denuncias inmediatas, llamadas pidiendo auxilio, imágenes de lesiones — y que reafirmaran que estos hechos no son “errores de juventud” ni “líneas borrosas”, sino crímenes concretos que destruyen vidas, sueños e intimidades.

La condena vuelve a poner en evidencia la urgencia de transformar las estructuras del deporte, las instituciones y la sociedad: que ningún club sea refugio para agresores; que los protocolos se cumplan en serio; que las víctimas encuentren respaldo sin miedo; y que cada cuerpo —sobre todo los de mujeres— sea valorado como persona y no como objetivo de poder.

Este veredicto, aunque esperado, duele: expone la crudeza del abuso, la vulnerabilidad de quienes confían y muchas veces creen en códigos de “compañerismo”, y la complicidad silenciosa de entornos que muchas veces callan. Pero también deja una enseñanza: cuando la denuncia se convierte en justicia, puede marcar un camino para los demás.

“No es sólo un fallo más —es una señal de que la impunidad puede frenarse, pero hace falta coraje, conciencia y justicia real.”

Autor: estación del carmen