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Curazao sorprendió al mundo del fútbol. La isla caribeña, con menos de 200.000 habitantes, consiguió un hito histórico: por primera vez se clasificó para un Mundial (2026) y lo hizo con un equipo en gran parte conformado por jugadores que no nacieron en su territorio

El empate 0-0 frente a Jamaica en Kingston fue suficiente para sellar su boleto. Esa noche no solo estalló la celebración en el campo, sino también en todo el país, que nunca había vivido algo así en lo deportivo. 

Lo más llamativo es su plantilla: ninguno de los 24 convocados para ese partido decisivo nació en Curazao. En su lugar, la mayoría tiene raíces familiares en la isla pero nació en los Países Bajos: ciudades como Ámsterdam, Róterdam, Groningen o Haarlem son donde muchos jugadores pasaron su infancia.

Este fenómeno es posible por cuestiones históricas: Curazao forma parte del Reino de los Países Bajos, por lo que muchos de sus ciudadanos comparten ciudadanía neerlandesa. Esto permitió que la selección se nutriera de talento “de la diáspora”, con futbolistas que representan a la isla por su origen familiar más que por su lugar de nacimiento. 

Detrás del éxito también hay estructura y profesionalismo. El experimentado técnico Dick Advocaat asumió en 2024 y aportó su experiencia para profesionalizar el proyecto futbolístico.

Con esta clasificación, Curazao se convierte en la nación más pequeña por población en disputar un Mundial. 

Para la isla, esta no es solo una hazaña deportiva, sino también un símbolo de identidad y pertenencia: la selección representa a los curazoleños de la diáspora, aquellos que nacieron lejos pero mantienen firme el vínculo con sus raíces.

Autor: estación del carmen