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El empresario Elon Musk inició un juicio contra OpenAI en un tribunal federal de Oakland, California, en el que reclama 150.000 millones de dólares por considerar que la organización se desvió de su propósito original sin fines de lucro. Durante su declaración, sostuvo que “no está bien saquear una caridad” y pidió que los fondos sean restituidos a la fundación, además de exigir la salida de sus actuales directivos.

La defensa de OpenAI respondió con dureza y calificó la demanda como contradictoria, señalando que Musk busca perjudicar a la compañía con la que hoy compite directamente a través de su propia empresa de inteligencia artificial.

El caso fue delimitado por la jueza Yvonne Gonzalez Rogers a dos ejes principales: la supuesta violación de un fideicomiso de carácter benéfico y el posible enriquecimiento injusto. También quedó involucrada Microsoft, acusada de haber facilitado el proceso de transformación de OpenAI mediante inversiones millonarias.

Uno de los puntos más relevantes del juicio es la discusión sobre el modelo de la compañía. OpenAI nació en 2015 como una organización sin fines de lucro, pero con el tiempo adoptó una estructura híbrida que le permitió atraer inversiones y expandirse en el desarrollo de inteligencia artificial. En 2025, terminó de formalizar su conversión en una empresa con fines de beneficio público.

Sin embargo, documentos internos revelados durante el proceso muestran que el propio Musk, cuando formaba parte del proyecto, había solicitado tener el control mayoritario de la organización e incluso propuso integrarla a Tesla. Tras no lograr ese objetivo, decidió retirarse del proyecto en 2018.

Además, se expuso que, aunque Musk había prometido aportar 1.000 millones de dólares al proyecto, su contribución efectiva habría sido considerablemente menor, según informes periodísticos.

Entre la disputa empresarial y las críticas a su gestión.

El contexto del juicio también incluye la creciente competencia en el sector de la inteligencia artificial. Tras su salida de OpenAI, Musk fundó su propia empresa, xAI, que hoy compite directamente en el mismo mercado.

A esto se suma un elemento que generó cuestionamientos durante el proceso: informes periodísticos indicaron que la fundación personal de Musk no habría cumplido en los últimos años con el mínimo legal de donaciones exigido en Estados Unidos, lo que alimenta las críticas sobre su postura en el caso.

El fallo de la jueza, previsto para las próximas semanas, podría tener un impacto significativo en el futuro de OpenAI y en el funcionamiento de otras organizaciones tecnológicas con estructuras similares, al definir hasta qué punto un proyecto nacido como entidad sin fines de lucro puede transformarse en un actor comercial dentro de la industria.

Autor: FM Estación del Carmen