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El cine argentino está de luto tras confirmarse el fallecimiento de Luis Puenzo, director, guionista y productor cuya carrera marcó un antes y un después en la industria audiovisual de la región. Puenzo fue el artífice de La historia oficial (1985), la primera película latinoamericana en ganar el premio Oscar a la Mejor Película Extranjera, un filme que rompió el silencio sobre la apropiación de bebés durante la última dictadura cívico-militar y que recorrió el mundo como un símbolo de la lucha por la identidad.

Más allá de su histórico éxito académico, Puenzo fue un defensor incansable de la industria nacional. Su filmografía incluye obras destacadas como Gringo viejo y La peste, donde siempre mantuvo un compromiso con la narrativa social y la calidad técnica. Además de su labor detrás de cámara, tuvo un rol activo en la gestión cultural, llegando a presidir el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), desde donde impulsó políticas de fomento para las nuevas generaciones de realizadores.

La partida de Puenzo genera una profunda conmoción en la comunidad artística, que destaca su capacidad para utilizar el cine como un espejo de la realidad y una herramienta de memoria colectiva. Su legado no solo reside en los premios y el reconocimiento crítico, sino en haber permitido que el cine argentino encontrara una voz propia y potente para narrar sus propias tragedias y esperanzas ante los ojos del mundo.