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En una jornada cargada de simbolismo, miles de personas participaron de una "Marcha de Antorchas" con un objetivo doble: alertar sobre el peligro que corren los glaciares ante las reformas legislativas y denunciar la crítica situación presupuestaria que atraviesan las universidades nacionales de todo el país. La movilización, que se replicó en diversos puntos, reunió a asambleas ambientales, docentes, estudiantes y científicos bajo un mismo estandarte de resistencia.

El reclamo ambiental se centra en las modificaciones que permiten la actividad económica en zonas periglaciares, lo que para los manifestantes representa una amenaza directa a las principales reservas de agua dulce de la Argentina. De manera paralela, la comunidad educativa expuso la asfixia financiera que sufren las instituciones de nivel superior, advirtiendo que el recorte de fondos pone en peligro el funcionamiento básico de las aulas y la continuidad de proyectos de investigación fundamentales para el desarrollo nacional.

Durante el cierre de la marcha, los oradores destacaron que tanto los glaciares como la universidad pública son pilares de la soberanía nacional. "Sin agua no hay vida y sin educación no hay futuro", fue una de las frases más repetidas durante la velada. La protesta concluyó con la lectura de un documento conjunto que exige el retiro de los proyectos que desregulan la protección de ecosistemas sensibles y una actualización inmediata de las partidas presupuestarias para el sector educativo y científico.