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La audiencia de este martes en el caso “Cuadernos” hizo crecer en forma rotunda la hipótesis de que detrás de la trama que dio lugar a la causa judicial en 2018 participaron agentes de inteligencia de la Policía de la Federal. Fue a partir de la segunda parte de la declaración testimonial del sargento retirado de esa fuerza Jorge Bacigalupo, el amigo del remisero y exmilitar Oscar Centeno, y quien le entregó la caja con sus cuadernos al periodista Diego Cabot con la consigna –según relató— “hacé lo que tengas que hacer”. Bacigalupo es investigado en otro expediente como presunto autor de las enmiendas y tachaduras que tienen los famosos escritos del chofer de Roberto Baratta, exnúmero dos en el Ministerio de Planificación. La controversia del día que puso la génesis de esta historia sobre el tapete se produjo cuando la defensa de ese exfuncionario pidió que le mostraran a Bacigalupo la lista de las llamadas de su propio teléfono para hacerle preguntas. Ahí, todo indica, hay una llave para entender con quién se vinculaba y hablaba largamente el expolicía por aquellos días. Hay 1073 comunicaciones que serían con otro expolicía que comandó áreas sensibles de la PFA como la División Protección al Orden Constitucional y otra encargada de las pericias, donde trabajaron juntos. Pese a eso, el testigo declaró que solo hablaban para saludarse en fechas significativas como cumpleaños.

Llamadas dudosas

El contacto en cuestión se llama José Portaluri y fue en la época de la investigación del atentado a la AMIA –entre otras tantas cosas-- quien que actuó como mano derecha del exjuez Juan José Galeano en parte de aquella causa desde la POC. Habría trabajado en inteligencia y como comisario mayor se hizo cargo del área de pericias. Es alguien que pasó su vida en la PFA. Como Bacigalupo, quien contó que había ingresado en 1974 y pasó toda la dictadura ahí (donde incluso se desempeñó en la jefatura de Policía con el represor Juan Bautista Sasiaiñ) y hasta 1991. Tiempo después trabajó en una remisería, dijo, que prestaba servicios para el Ministerio de Planificación. Ahí conoció a Centeno y se hicieron amigos. En 2005, continuó, se “convocó” para volver a la PFA. Ahí fue donde desembarcó en el equipo de Portaluri, en el área de pericias y otro tanto como su chofer. Fueron seis años de convivencia tras ese curioso regreso.

La declaración de Bacigalupo, que tiene 81 años, había empezado la semana pasada y fue interrumpida después de 12 horas. Estuvo marcada por contradicciones llamativas y dejó una gran cantidad de “no recuerdo” como respuesta. Por ejemplo, dijo que no sabía qué había en la caja que le había dado su amigo Centeno en custodia pero que él había tomado la decisión de entregarlas a un periodista y que lo hacía “por la patria”. Según él, solo sabía que Centeno había anotado cosas de la época que trabajaba con Baratta.

Cuando le preguntaron el jueves pasado cómo era su vínculo con Portaluri, el exsargento dijo que solo hablaban circunstancialmente (para los cumpleaños). Este martes la defensa de Baratta –a cargo de Marcos Aldazabal y Elizabeth Gómez Alcorta-- quiso mostrarle el listado de llamadas que constan en la causa que aún está en instrucción, a cargo del juez Marecelo Martínez de Giorgi, donde se investigan las enmiendas en el texto de los cuadernos que se atribuyen a Bacigalupo. La fiscal Fabiana León y la querella de la Unidad de Información Financiera hicieron todo por impedirlo. En un primer momento el Tribunal Oral Federal 7 (TOF7) les dio la razón, pero el presidente Enrique Méndez Signori recalculó porque se podría violar el derecho de defensa y después de idas y vueltas le empezaron a mostrar el listado de llamadas. Ahí se abrió otra discusión, porque el número que sería de Portaluri no aparecía con su nombre, entonces había que pedirle a Bacigalupo que lo buscara en su propio celular. A esa opción el tribunal dijo que no, y quedó el asunto sin profundizar.

Son varias la defensas que confirman que el contacto en cuestión es de Portaluri y las comunicaciones, a las que accedió este diario, son sumamente llamativas:

*De tres líneas analizadas de Bacigalupo surgirían 1073 comunicaciones con el excomisario entre 2017 y 2023. Con el celular que le querían mostrar en particular, son 343 llamadas.

*El día después que Bacigalupo le dio los cuadernos a Cabot, el 9 de enero de 2018, habló siete veces con el contacto atribuido a Portaluri. Algunos contactos son de 20 minutos. El 1 de agosto de ese año, cuando iba por primera vez a declarar a Comodoro Py, tiene una llamada de 40 minutos. Dos días antes de que lo allanaran a él mismo en la causa de Martínez de Giorgi tiene llamadas también. En el historial tiene aparentes conversaciones de dos horas con su exjefe. En la etapa previa a entregar los cuadernos tuvieron numerosas llamadas. Son solo algunos ejemplos.

*Ese listado está incorporado a la causa que investiga a Bacigalupo, en la que había sido procesado por encubrimiento y falsificación de documento público y está agregada al juicio oral, pero recién ahora se exhibió en el debate por primera vez. La querella de ese caso –el empresario Armando Loson—pedirá al juez Martínez de Giorgi que se identifiquen los contactos. El magistrado lo ordenaría en los próximos días, pudo saber Página/12. El exsargento fue señalado por un peritaje de la PFA y otro privado como autor de las enmiendas en los cuadernos. Pero ahora tiene falta de mérito por decisión de la Cámara Federal, que dispuso que un nuevo peritaje sobre los cuadernos originales (se había hecho con las fotocopias) la caligrafía de Bacigalupo.

Todos estos datos cobran significación al repasar la declaración del propio Bacigalupo y el derrotero de los cuadernos: dijo que se los dio Centeno tras comentarle que su expareja lo extorsionaba y se los guardó por meses; explicó que él los entregó a un periodista por decisión propia porque Centeno no quería; Centeno en cierto momento se los reclamó y se los tuvo que pedir de vuelta a Cabot (quien hizo las copias digitalizadas que le entregaría a Stornelli); cuando lo detuvieron el chofer de Baratta reconoció ser el autor; pero cuando lo allanaron los cuadernos habían desaparecido; Centeno de pronto dijo que en realidad los había quemado en una parrilla; pero reaparecieron seis de los ocho en manos del periodista antes de las elecciones de 2019.

Como si faltara algo, alguien –que sería el testigo estrella-- “metió mano en los cuadernos”, cambió nombres y fechas para hacer coincidir supuestos pagos ilegales con empresas, personas y lugares. Hubo, evidentemente, todo un dispositivo detrás para que aparecieron los cuadernos y hasta fueran modificados.

Causa golpeada de raíz

Todo esto ya había generado enormes dudas sobre las bases de la causa desde el comienzo, y más aún cuando una pericia sobre las fotocopias mostró 1600 tachaduras, sobreescrituras, enmiendas con liquid paper y otras anomalías. Pero ahora quedan sobre la mesa en el juicio oral y golpean la credibilidad de la acusación. Además, no son las únicas irregularidades que quedan en primer plano.

En las últimas semanas del juicio hubo relatos reveladores, en especial de 27 de los empresarios implicados y exfuncionarios, que detallaron aprietes que atribuyeron al fiscal Stornelli y el juez Claudio Bonadío: les ofrecían la libertad si acusaban a otros, en algunos casos a Cristina Fernández de Kirchner y u otros nombres que les permitían hacer la imputación para comprometer a su gestión. Hubo quienes contaron que dejaron asentado en escribanías que mintieron y se arrepintieron bajo presión para no quedar presos. Hasta ahora pocos habían hecho pública esa descripción. El TOF7 por el momento no quiso hacer una denuncia para que e investiguen estos hechos, pero dijo que será materia de análisis más adelante. Los relatos fueron elocuentes y pusieron de manifiesto que probablemente se haya perdido una oportunidad de investigar seriamente posible corrupción en la obra pública.

Bacigalupo detalló algunas escenas asombrosas, como el día que Cabot fue con Stornelli a su casa, le avisaron que Centeno estaba detenido y él respondió que le parecía lógico, aunque no explicó por qué le parece que eso tenía que ocurrir. Le dijeron que tendría que declarar como testigo al día siguiente, pero el ofreció hacerlo de inmediato, y así fue. Contó también que Bonadío le dijo que su testimonio era fundamental y sin él la causa no podía seguir. “Esta es la frutilla que le faltaba a la torta de mi vida para completar”, comentó Bacigalupo que le dijo el juez. Acotó que después pensó que se lo había dicho porque ya sabría que tenía una enfermedad terminal.

“Lo que tiene olor a Peronismo me cae como patada de burro”

Para que no quedaran dudas de su posición Bacigalupo aprovechó dos preguntas para dejar en claro su posición. Uno de los abogados defensores le preguntó si alguno de los imputados (en alusión CFK y otros exfuncionarios) en la causa le genera aversión y dijo: “Todo lo que tiene olor a peronismo me cae como la patada de un burro. Pero no es desde ahora eh…”

La fiscal León, le preguntó –con evidente intención de ayudar al expolicía—si por sus creencias respecto del peronismo (en realidad dice “organización política”) había faltado a la verdad en alguna de sus declaraciones. “No”, contesto el hombre y buscó lo que quería expresar hasta decirlo con cierto disfrute: “Para que se entienda, como le puedo de… no alegría, se me presentó una oportunidad en la vida de accionar contra esa gente”.

Autor: mulloa