La baja del petróleo reabre el debate sobre la rentabilidad de Vaca Muerta.
La baja en el precio internacional del petróleo volvió a poner el foco sobre la competitividad de Vaca Muerta, una de las principales apuestas energéticas de la Argentina. Tras la disminución de las tensiones en Medio Oriente y la reapertura del estrecho de Ormuz, el barril de Brent descendió hasta los 72 dólares, su nivel más bajo de los últimos tres meses.
Si bien especialistas coinciden en que el valor del crudo difícilmente regrese a los 60 dólares previstos antes del conflicto, advierten que una caída más pronunciada podría afectar la rentabilidad de algunos proyectos de inversión en la Cuenca Neuquina.
El comportamiento del mercado resulta clave para el sector energético argentino. Durante los meses de precios elevados, Vaca Muerta impulsó un fuerte crecimiento de las exportaciones de combustibles y energía, contribuyendo al superávit comercial del país.
Según distintos análisis, el punto de equilibrio de los proyectos en Vaca Muerta varía entre los 48 y 61 dólares por barril, dependiendo del tipo de desarrollo, la infraestructura utilizada y el régimen fiscal vigente.
En ese contexto, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) aparece como una herramienta que mejora la competitividad al reducir costos impositivos.
Desde la industria sostienen que, aunque el escenario actual continúa siendo favorable, la evolución del precio internacional será determinante para sostener el ritmo de inversiones.
Además, remarcan la necesidad de reducir costos logísticos, mejorar las condiciones de financiamiento y aumentar la eficiencia para mantener la competitividad del sector frente a un mercado cada vez más volátil.
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