“Cuando él llegaba teníamos miedo”: la amiga de una de las hijas de Barreda reveló cómo era la vida familiar antes de los femicidios
Inés Creimer tenía 15 años cuando comenzó a frecuentar la casa de su amiga Cecilia Barreda. Eran compañeras del Normal 1 de La Plata y vivían muy cerca: cuando la familia Barreda se instaló en la calle 48, Creimer residía a pocas cuadras, sobre la calle 49. Durante años compartió con Cecilia la escuela, cumpleaños y momentos cotidianos de la familia.
Con el paso del tiempo, esos recuerdos adquirieron otra dimensión. El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó con una escopeta a su suegra Elena Arreche, a su esposa Gladys Mac Donald y a sus hijas Cecilia y Adriana.
Pero antes de aquella masacre, Creimer asegura que había algo en la presencia de Barreda que generaba incomodidad entre las jóvenes.
“Ahí viene Ricardo”, recuerda que se decían entre ellas cuando lo veían llegar. En una oportunidad, durante el cumpleaños de Cecilia, Inés llegó a esconderse debajo de una mesa para evitar que Barreda la viera.
La mujer aclara que nunca presenció una agresión física ni una escena de violencia explícita. Lo que recuerda es la incomodidad que provocaba la presencia del padre de su amiga, al punto de que las jóvenes intentaban evitarlo.
Una familia marcada por el matriarcado
Creimer describe aquella casa como un matriarcado, con Elena Arreche, la abuela de Cecilia y Adriana, como una de las principales figuras de autoridad.
La recuerda levantándose temprano para preparar el desayuno de sus nietas. Cuando Inés llegaba para ir juntas al colegio, la mesa ya estaba preparada con comidas caseras.
En esa dinámica cotidiana, sostiene, Barreda tenía una presencia secundaria. Según su recuerdo, durante los años en los que frecuentó la vivienda nunca lo vio realizar tareas domésticas.
Esa percepción contrastó con parte del relato que el propio Barreda sostuvo posteriormente durante el proceso judicial, cuando se presentó como un hombre sometido a su esposa y a su suegra.
El consultorio que estaba lejos de la casa
Entre los recuerdos que más llamaron la atención de Creimer aparece una situación ocurrida después de una fiesta.
Barreda debía pasar a buscar a las jóvenes alrededor de las cuatro de la mañana, pero no aparecía. Ante la demora, Inés le sugirió a Cecilia que llamara a su casa desde un teléfono público.
La respuesta de su amiga fue inesperada: a su padre había que llamarlo al consultorio, porque allí era donde se encontraba. El consultorio no funcionaba dentro de la vivienda familiar.
En aquel momento, Creimer no interpretó la situación como una señal particular. Años después, sin embargo, la recuerda como parte de una dinámica familiar que entonces no terminaba de comprender.
Cecilia siguió los pasos profesionales de su padre
Cecilia estudió odontología y siguió el mismo camino profesional que su padre. Según recuerda Creimer, esa decisión no era bien recibida por Barreda, quien habría mostrado celos ante la posibilidad de que su hija ejerciera la misma profesión.
Para Inés, Cecilia era una joven buena e inocente. Entre los recuerdos que conserva aparece un accidente ocurrido cuando le prestó su moto a su amiga. Cecilia perdió el control, cayó y terminó internada.
Creimer recuerda que Gladys estuvo junto a su hija en el hospital, mientras que Barreda no apareció.
El día que recibió la noticia
Para el momento de los asesinatos, Inés ya no vivía en La Plata: se había mudado a Olavarría y hacía aproximadamente dos años que no veía a Cecilia.
El 15 de noviembre de 1992 recibió un llamado de su hermano, quien todavía estaba en La Plata, para contarle que habían asesinado a las cuatro mujeres de la familia Barreda y que había presencia policial en la casa de la calle 48.
Su primera reacción fue inmediata: “Ricardo”.
Según contó, no tuvo que hacer ningún razonamiento para asociarlo con el crimen. Simplemente lo pensó y lo dijo.
Ese día, Barreda asesinó a Elena Arreche, Gladys Mac Donald, Cecilia y Adriana con una escopeta calibre 16. Luego de cometer los crímenes, su coartada se derrumbó y terminó entregándose a la Policía.
Un relato que puso el foco en el asesino
Creimer también cuestiona la manera en que durante años se contó el caso.
Durante el juicio, la defensa construyó la imagen de un hombre sometido y humillado por su esposa y su suegra. Ese relato tuvo impacto en parte de la sociedad y contribuyó a que Barreda fuera presentado por algunos sectores como una suerte de “hombre que reaccionó” frente a una situación de supuesto maltrato.
Para Creimer, ese enfoque dejó en segundo plano a las víctimas.
“En la Justicia se privilegió el relato de él”, sostuvo, al cuestionar que durante años se hablara principalmente de Barreda y poco de las cuatro mujeres asesinadas.
La historia volvió a aparecer con la película
El caso volvió a instalarse en la conversación pública con el estreno de “Barreda”, la película protagonizada por Luis Machín.
Creimer sostiene que el debate también reapareció en las redes sociales, donde todavía pueden encontrarse comentarios que reivindican o justifican al asesino.
La guionista Donna Tefa Sanguinetti cuestionó esa mirada y advirtió sobre la persistencia de discursos que buscan encontrar motivos para justificar el asesinato de las cuatro mujeres.
Una pregunta que quedó sin respuesta
Años después del crimen, Creimer todavía conserva una pregunta dirigida a Barreda: por qué no se fue.
Durante el juicio estuvo presente en la primera jornada y escuchó el relato del acusado sobre los asesinatos. Sin embargo, no pudo verle el rostro porque estaba sentado de espaldas.
“Yo necesitaba preguntarle por qué no se había ido”, recordó.
La historia también aparece en sus sueños. Durante años soñó con Barreda y con Cecilia. En algunos, intentaba comunicarse con su amiga, pero siempre faltaba un número para completar el teléfono.
Una imagen que, para Creimer, resume la imposibilidad de volver a comunicarse con aquella amiga que conoció mucho antes de que su familia quedara marcada para siempre por uno de los crímenes más recordados de la historia argentina.
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