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Algunos alimentos que forman parte de la alimentación cotidiana pueden convertirse en una fuente de microorganismos perjudiciales si no se manipulan, cocinan o conservan de manera adecuada.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recomiendan prestar especial atención a cuatro medidas básicas de seguridad alimentaria: limpiar, separar, cocinar y refrigerar.

El objetivo es evitar que las bacterias se multipliquen o que se produzca contaminación cruzada durante la preparación de las comidas.

1. Arroz cocido: el peligro de dejarlo varias horas fuera de la heladera

El arroz crudo puede contener esporas de Bacillus cereus, un microorganismo capaz de sobrevivir a la cocción.

El riesgo aparece cuando el arroz ya cocido permanece durante varias horas a temperatura ambiente. En determinadas condiciones, las esporas pueden multiplicarse y producir toxinas que provocan síntomas como náuseas y vómitos.

Por eso, una vez terminada la cocción, se recomienda consumirlo de inmediato o refrigerarlo en recipientes poco profundos dentro de las dos horas siguientes.

La conservación adecuada es especialmente importante cuando se prepara una cantidad grande y se pretende consumirla posteriormente.

2. Carne picada: las bacterias pueden quedar distribuidas en todo el producto

La carne picada presenta un riesgo particular porque el proceso de molienda puede distribuir microorganismos que originalmente se encontraban en la superficie por prácticamente toda la preparación.

Entre las bacterias asociadas con este tipo de alimento se encuentran Escherichia coli y Salmonella.

Por este motivo, la carne picada requiere una cocción completa. La FDA establece como referencia una temperatura interna mínima de 71 °C para eliminar estos microorganismos.

En hamburguesas, albóndigas, rellenos y otras preparaciones elaboradas con carne molida, no se recomienda dejar sectores crudos o con una cocción insuficiente en el centro.

3. Huevos crudos o poco cocidos: atención a la Salmonella

Los huevos pueden contener Salmonella incluso cuando la cáscara presenta un aspecto limpio y no tiene grietas visibles.

El riesgo aumenta cuando se consumen preparaciones que utilizan huevo crudo o parcialmente cocido, como determinadas mayonesas caseras, aderezos y postres.

La recomendación sanitaria consiste en conservar los huevos refrigerados a 4 °C o menos y cocinarlos hasta que tanto la clara como la yema estén firmes.

Cuando una receta requiere huevo sin cocción, una alternativa más segura consiste en utilizar productos de huevo pasteurizados.

4. Miel: prohibida para menores de un año

La miel requiere una precaución diferente. Aunque es un alimento que puede conservarse durante mucho tiempo, no debe administrarse a bebés menores de un año.

El motivo es la posible presencia de esporas de Clostridium botulinum. En los lactantes, estas esporas pueden desarrollarse en el intestino y producir la toxina responsable del botulismo infantil, una enfermedad grave que afecta al sistema nervioso.

Por esta razón, la recomendación sanitaria es evitar completamente la miel durante el primer año de vida, incluso en pequeñas cantidades o como ingrediente de otras preparaciones.

5. Frutas congeladas y vegetales crudos: el riesgo también puede estar en el origen

Las frutas congeladas y otros productos que se consumen sin una cocción posterior también requieren atención.

Si durante la producción, el procesamiento o la manipulación se producen fallas de higiene, estos alimentos pueden contaminarse con microorganismos capaces de provocar enfermedades.

Entre los agentes que pueden estar involucrados aparecen el virus de la hepatitis A y bacterias como Listeria monocytogenes.

Las recomendaciones incluyen adquirir productos provenientes de establecimientos y marcas habilitadas, respetar la cadena de frío y mantener correctamente los alimentos congelados.

En el caso de las frutas frescas, también resulta importante lavarlas cuidadosamente antes de consumirlas o utilizarlas para preparar licuados, batidos y otras comidas.

Cuatro reglas para reducir el riesgo en la cocina

La prevención de enfermedades transmitidas por alimentos comienza con hábitos simples.

Limpiar: lavar las manos, utensilios y superficies antes y después de manipular alimentos.

Separar: mantener los alimentos crudos alejados de aquellos que ya están listos para consumir para evitar la contaminación cruzada.

Cocinar: respetar las temperaturas necesarias, especialmente en carnes y huevos.

Refrigerar: guardar rápidamente los alimentos perecederos y evitar que permanezcan durante períodos prolongados a temperatura ambiente.

Estas medidas permiten reducir la proliferación de bacterias y otros microorganismos y ayudan a mantener condiciones más seguras durante la preparación y conservación de los alimentos.

Autor: FM ESTACION DEL CARMEN