El avance del océano destruye viviendas en California y la ciudad prepara una recuperación récord de la playa
La erosión costera golpea con fuerza a la península de Alamitos, en Long Beach, California, donde el avance del océano Pacífico provocó el derrumbe de viviendas, pasarelas y defensas de arena. Frente al deterioro, las autoridades municipales proyectan una intervención de gran escala para recuperar la playa y reducir la exposición de las propiedades ante nuevos temporales.
El plan contempla utilizar 317.000 metros cúbicos de arena extraída durante el dragado de la bahía, una cantidad que permitiría ampliar la superficie de playa y reforzar la protección natural de la costa.
El sector más afectado se encuentra en el extremo oriental de la península. Allí, el rompeolas construido hace aproximadamente ocho décadas para proteger las instalaciones portuarias y navales no logra contener el oleaje que llega desde el sur.
Tres temporales dejaron las casas expuestas al mar
Durante años, el municipio trasladó arena en camiones desde el extremo occidental de la playa hacia las zonas más comprometidas. El mecanismo buscaba mantener una franja de protección entre las viviendas y el agua, con un costo superior al millón de dólares anuales.
Sin embargo, tres episodios de oleaje intenso redujeron de manera considerable esa barrera natural. El primero coincidió con el fin de semana del Día del Trabajo, cuando el huracán Marie generó olas de entre 2,4 y 3 metros. Posteriormente, los efectos de los huracanes Polo y Rachel agravaron el escenario.
La fuerza del agua destruyó sectores de la histórica pasarela de madera, dejó al descubierto muros de contención y provocó daños en propiedades ubicadas junto al océano. Algunas terrazas se derrumbaron y varias construcciones quedaron expuestas al impacto directo de las olas.
Todd Leland, director de la Oficina Marítima de Long Beach, describió el panorama como una situación inédita para la ciudad. Además, explicó que la pérdida de arena dificultó el acceso de los camiones a los sectores orientales, lo que redujo la eficacia del sistema de reposición utilizado hasta ahora.
Por su parte, Jonathan Warrick, científico costero del Servicio Geológico de Estados Unidos, señaló que la energía del oleaje durante el verano fue excepcionalmente alta y favoreció un movimiento de arena mucho mayor al habitual.
Un aporte de 317.000 metros cúbicos para reconstruir la playa
Ante la magnitud de los daños, Long Beach prevé aprovechar las tareas de dragado de la bahía, que debe alcanzar una profundidad de aproximadamente 6,1 metros para facilitar la navegación de las embarcaciones.
En lugar de retirar y desechar el material, el proyecto propone trasladar los sedimentos a la península de Alamitos para recuperar la superficie perdida. La iniciativa contempla distribuir unos 317.000 metros cúbicos de arena, equivalentes a aproximadamente 415.000 yardas cúbicas.
Según las estimaciones difundidas, el aporte permitiría extender la playa entre 30 y 61 metros desde la orilla. Las autoridades describieron la intervención como una de las mayores operaciones de recuperación de arena realizadas por la ciudad en las últimas tres décadas.
El Concejo Municipal aprobó el proyecto en agosto y, de acuerdo con la información publicada, las tareas tenían previsto comenzar el martes. No obstante, persiste la incertidumbre sobre la capacidad de la obra para reducir los daños si se producen nuevos episodios de oleaje extremo antes de que finalice la recuperación.
Las advertencias sobre el cambio climático
La situación también reavivó las críticas de vecinos que reclaman medidas de protección más duraderas, como la instalación de arrecifes capaces de reducir la energía de las olas.
Kellie Canning, residente de la zona de 66th Place, cuestionó la respuesta de las autoridades y consideró que parte del deterioro pudo haberse evitado con otras decisiones.
Los riesgos ya habían sido señalados en un informe municipal de resiliencia climática publicado en 2015. El documento advertía que el aumento del nivel del mar y la posible mayor frecuencia e intensidad de las tormentas podían superar la capacidad protectora de las barreras de arena.
El nuevo operativo busca recuperar terreno frente al océano, pero el caso de Long Beach también expone un desafío de largo plazo: cómo proteger las comunidades costeras ante temporales cada vez más destructivos y los efectos del cambio climático.
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