Escuchar artículo

Las palpitaciones, los mareos, la falta de aire y la sudoración pueden aparecer en momentos de ansiedad y generar un temor intenso cuando se interpretan como señales de una enfermedad grave. Esa reacción puede alimentar un círculo en el que el miedo aumenta los síntomas y los síntomas, a su vez, provocan más miedo.

La psicóloga María Paula Castro, integrante del Servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Austral, explicó que el proceso puede comenzar con una molestia cotidiana, como una contractura o un latido más perceptible. Si la persona piensa de inmediato que podría tratarse de un problema cardíaco, la preocupación puede activar una respuesta física de ansiedad.

En ese contexto, el corazón se acelera, la respiración se vuelve más corta y pueden aparecer sudoración, temblores, mareos o visión borrosa. La persona puede interpretar esas reacciones como una confirmación de que algo grave está ocurriendo, lo que intensifica el temor.

La especialista señaló que la forma de interpretar una sensación influye en la respuesta emocional. Una misma molestia puede generar reacciones diferentes según se la considere algo pasajero o se la asocie con un peligro inminente.

Las seis etapas del ciclo de la ansiedad

Este mecanismo, también conocido como circuito de la ansiedad, puede desarrollarse en seis etapas:

Disparador: aparece una sensación física, un pensamiento, un recuerdo o una situación que genera preocupación.

Interpretación catastrófica: la persona imagina el peor desenlace posible, como sufrir una enfermedad grave o quedar en ridículo.

Activación de la ansiedad: el organismo responde como si estuviera frente a una amenaza.

Síntomas físicos y mentales: pueden surgir taquicardia, falta de aire, sudoración, temblores, tensión y dificultad para concentrarse.

Atención centrada en la amenaza: la persona observa de manera constante su cuerpo o la situación que le provoca miedo.

Confirmación del temor: interpreta los síntomas como una prueba de peligro y el ciclo vuelve a empezar.

El investigador David H. Rosmarin, profesor asociado de la Facultad de Medicina de Harvard, también advirtió que intentar eliminar por completo la ansiedad puede intensificarla. La preocupación por sentirse ansioso, sumada a los pensamientos negativos, puede reforzar el circuito.

Además, existen conductas que brindan alivio momentáneo, pero pueden mantener el problema a largo plazo. Entre ellas se encuentran tomarse el pulso repetidamente, buscar síntomas en internet, pedir tranquilidad de manera constante o evitar las situaciones que generan temor.

Qué ocurre en el cerebro

Cuando el cerebro percibe una amenaza, la amígdala activa mecanismos de respuesta que ponen en marcha el sistema nervioso simpático y favorecen la liberación de adrenalina y cortisol.

Esta reacción prepara al organismo para responder ante un peligro: el corazón late más rápido, la respiración se acelera y los músculos se tensan. Sin embargo, cuando la respuesta se activa ante una amenaza que no es real, esas mismas sensaciones pueden alimentar el miedo que las originó.

La ansiedad puede aparecer en distintas circunstancias, como situaciones de estrés, ataques de pánico, ansiedad social o trastorno obsesivo compulsivo. No debe confundirse automáticamente con la ansiedad por enfermedad, que implica un temor persistente a padecer una patología grave, incluso cuando los estudios médicos ofrecen resultados favorables.

Estrategias para frenar el circuito

Castro recomendó reconocer las señales de ansiedad y aprender a identificar el mecanismo antes de que aumente la intensidad del malestar.

Entre las estrategias que pueden ayudar se encuentran:

Reconocer lo que está pasando: identificar que la ansiedad puede estar activándose permite tomar distancia de los pensamientos alarmantes.

Cuestionar las interpretaciones negativas: preguntarse qué otras explicaciones puede tener una sensación o una situación ayuda a evitar conclusiones precipitadas.

Respirar lentamente: la respiración diafragmática, con una exhalación más larga que la inhalación, puede contribuir a disminuir la activación física.

Evitar las comprobaciones constantes: revisar el pulso repetidamente o buscar síntomas en internet puede reforzar la preocupación.

Retomar la actividad cotidiana: volver a concentrarse en lo que se estaba haciendo ayuda a quitar el foco de la amenaza.

Buscar orientación médica cuando sea necesario: ante síntomas nuevos o preocupantes, es importante consultar a un profesional.

La psicóloga remarcó que el dolor de pecho intenso o persistente requiere atención médica inmediata. No se debe atribuir automáticamente a la ansiedad una molestia física sin una evaluación adecuada.

El tratamiento y la importancia de comprender la ansiedad

La terapia cognitivo-conductual es uno de los tratamientos con mayor respaldo para abordar los problemas de ansiedad. Según Castro, el trabajo terapéutico comienza con la comprensión de las reacciones del cuerpo y continúa con el análisis de los pensamientos, las emociones y las conductas que mantienen el temor.

El abordaje también puede incluir la exposición gradual a situaciones que generan miedo, en lugar de evitarlas por completo. De esa manera, la persona puede aprender a atravesar el malestar y comprobar que sentir ansiedad no implica necesariamente estar en peligro.

El objetivo no es eliminar todas las emociones incómodas, sino comprenderlas, tolerarlas y desarrollar herramientas para responder de una manera más saludable.

Autor: FM ESTACION DEL CARMEN